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Ebraht: “la salida de la crisis debe construirse desde la ciudadanía”

In Política, Venezuela
septiembre 23, 2026

El analista político colombo-venezolano Jorge Ebraht cuestiona la negociación entre Estados Unidos y el poder instalado en Venezuela, critica el papel asumido por distintos sectores de la oposición y sostiene que la salida de la crisis debe construirse desde la ciudadanía

En diálogo con #EsLaHoraDeHablar analizó la captura de Nicolás Maduro, el papel de Washington, los recursos petroleros venezolanos, el silencio regional y el futuro político de un país atrapado entre el chavismo residual, la oposición y una creciente dependencia de decisiones externas.

Víctor M. Rodríguez:. La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, ¿representa una instancia de justicia real o ha sido el precio que el chavismo residual tuvo que pagar para mantenerse en el poder?

Jorge Ebraht:. No esperaba una pregunta más suave de tu parte. Directo, Víctor. Hay que enfocar la diferencia entre las realidades y el propagandismo, entre las realidades y las narrativas. Para el venezolano promedio y para algunos conocedores y estudiosos de la materia, Maduro no fue capturado: fue entregado por su propio grupo.

Maduro es una cabeza de Estado mostrada por el presidente de los Estados Unidos y por el Gobierno estadounidense. Obviamente, existe un agradecimiento de parte de la población por la captura del dictador Nicolás Maduro, conocido como el «carnicero de Venezuela».

Pero cuando empiezas a analizar con mayor profundidad los tiempos, los efectos, las bajas y los movimientos, hay que ser muy cautelosos: lo ocurrido pudo haber sido una entrega por parte del chavismo para liberar presiones y, al mismo tiempo, permitir que el Gobierno de Estados Unidos obtuviera una medalla de honor que podría promover o iniciar una futura campaña de reelección del presidente Donald Trump.

También están las declaraciones de Padrino López, ministro de Defensa en aquel momento, cuando afirmó que no se había disparado una sola bala porque enfrentarse a Estados Unidos habría sido un suicidio.

Eso significa que no hubo siquiera una operación o una respuesta de parte de las Fuerzas Armadas de Venezuela. Una declaración de ese tipo, bajo la Constitución, debería ser considerada una traición a la patria. En otro contexto institucional, quien la hubiera formulado podría haber sido removido de su cargo y sometido a investigación. Pero eso no ocurre en Venezuela.

Víctor M. Rodríguez:. ¿Cómo explicas esa aparente contradicción entre las acusaciones de Estados Unidos contra funcionarios venezolanos y las reuniones que posteriormente mantiene con algunos de ellos?

Jorge Ebraht:. Podemos comenzar a identificar a los actores. Estamos hablando de uno de los principales operadores políticos y diplomáticos de Estados Unidos en zonas de conflicto: Grenell. Al servicio de Donald Trump ha sido muy efectivo.

Aquí hay que diferenciar justicia y diplomacia. Cuando hablamos de justicia y de cargos internacionales, se sabe que Diosdado Cabello ha sido señalado por Estados Unidos como jefe del llamado Cártel de los Soles y existe una recompensa sobre su cabeza por acusaciones relacionadas con narcotráfico.

Hay cosas que ahora están cambiando la narrativa o que se intenta cambiar en la narrativa, pero las acusaciones existen. Durante años vimos el famoso bloqueo marítimo realizado por Estados Unidos a Venezuela por narcotráfico, el hundimiento de lanchas y la persecución vinculada al narcotráfico. De repente, todo eso comienza a desdibujarse en el panorama.

Estados Unidos construyó durante años una narrativa sobre el Cártel de los Soles, sobre el Tren de Aragua, sobre Diosdado Cabello, sobre un gobierno fallido. Y ahora aparecen nuevas categorías: gobierno interino o transitorio.

Entonces hay una pregunta fundamental: ¿qué sucede si Estados Unidos no reconoce a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela y considera fraudulentas las elecciones anteriores? Delcy Rodríguez es vicepresidenta de Venezuela, pero no fue escogida mediante voto popular. Fue designada por el presidente de la República, que en este caso era Nicolás Maduro. Si Maduro no es reconocido como presidente por Estados Unidos, ese mismo argumento permitió su captura por cargos de narcotráfico en Estados Unidos.

Pero si Maduro no es presidente, tampoco sería vicepresidente quien fue designado por él. Entonces surge una contradicción: ¿cómo se aplica la ley al presidente Maduro, que no es considerado presidente, y al mismo tiempo se valida a una persona designada por ese mismo gobierno?

Víctor M. Rodríguez:. Si Estados Unidos tuvo la potencia y la fuerza para entrar en Venezuela y extraer a Nicolás Maduro, ¿por qué hoy no utiliza esa fuerza para exigirle al interinato o al gobierno tutelado de Delcy Rodríguez que abra la caja negra del CNE, en poder del TSJ, para validar los resultados de 2024? ¿No sería eso más expedito antes de ir a unas elecciones en 2027 y dejar esperando, para soluciones futuras, las dramáticas situaciones actuales del pueblo venezolano?

Jorge Ebraht:. Hay varios actores. Y creo que el detalle está en la coherencia. ¿Qué es más viable para Estados Unidos: la buena manera, la razón de ser, o la razón de obtener? El Gobierno de Estados Unidos sabe que le resulta más viable negociar con un no gobierno, con un régimen doblegado y amenazado, que negociar con un gobierno democrático y en igualdad de condiciones.

¿Por qué? Porque el precio del crudo es importante para Estados Unidos. El manejo del petróleo y de las reservas también lo es. Tienes toda la razón: la manera correcta sería reconocer que el pueblo venezolano ya se expresó a través del voto. Hay actas y ha habido una cantidad de controversias y apoyos internacionales.

Pero parece que en este momento no solamente no le resulta viable a Estados Unidos, sino que tampoco le resulta viable a la propia oposición. Ahí encontramos a María Corina Machado, quien hablaba de las actas, de que había un presidente y de que existían planes A, B y C. Ahora resulta que no valida al presidente que ella misma respaldaba y quiere ser candidata y presidenta.

El problema que encontramos con Estados Unidos es que a veces no encuentra coherencia dentro de la oposición venezolana. No tiene un registro real de un grupo calificado que no haya sido saqueador, manipulador o que no haya tenido complicidades con el régimen venezolano.

Son 26 años de dictadura, pero de la misma manera que han rotado los personajes de la dictadura, también han rotado los personajes de la oposición, llamando a los venezolanos a más o menos 21 o 22 elecciones fraudulentas y presentando la salida electoral como una salida real.

Todos sabemos que, si las elecciones sirvieran para salir de una dictadura, el régimen ya las habría eliminado. Lo que se ha buscado históricamente en esas elecciones es una validación internacional. Ahora no la consiguen.

Estados Unidos pasa por la situación de haber recibido la entrega del cabecilla para obtener una victoria mediática para el presidente Donald Trump e iniciar su campaña para la reelección y Venezuela queda como un régimen diezmado, amenazado.

Lo que me preocupa es cómo se vende una narrativa tan fácilmente. ¿Cómo puede construirse, a través de Twitter, Facebook, Instagram y declaraciones de prensa, una narrativa tan clara?

La detención de Nicolás Maduro no viene solamente de un proceso federal por narcotráfico. Si Estados Unidos toma a Nicolás Maduro para extraditarlo, ¿qué tiene que ver eso con el petróleo de Venezuela? ¿En qué autoriza un cargo legal dentro de Estados Unidos la obtención del beneficio del petróleo venezolano?

Una cosa no tiene relación jurídica automática con la otra. Entonces uno se pregunta si esto realmente tiene que ver con libertad y democracia o si tiene que ver con dinero, petróleo y geopolítica.

Víctor M. Rodríguez:. Estamos, quizás, cansados de tener tan claro el diagnóstico, pero no encontramos una terapéutica concreta y sostenible para avanzar hacia las soluciones. Si dejamos por un momento los diagnósticos y miramos hacia adelante, ¿qué acciones debería estar tomando hoy la llamada oposición venezolana para avanzar hacia las soluciones que reclama el pueblo: institucionalidad, agua, electricidad, salud, educación y derechos humanos básicos?

Jorge Ebraht:.  La intervención militar por razones humanitarias sería la salida más acorde para Venezuela. Pero no una intervención barata ni una intervención económica. No una intervención en la que se pretenda alcanzar el cielo subido en los hombros del demonio.

Hablo de una intervención real de pacificación en Venezuela, una intervención completa para canalizar el proceso, enfocarse en la defensa de la libertad y desarmar a los grupos y bandas terroristas.

Se sabe que en Venezuela hay grupos terroristas y presencia de ISIS, del ELN, de grupos disidentes provenientes de Colombia y de colectivos. Mi pregunta es: ¿no resulta extraño que haya desaparecido todo eso de la narrativa?

Esos grupos no desaparecieron. Siguen allí. Mientras no se presente una posición destinada a desarmarlos y a dar tranquilidad y seguridad a la población, no se puede crear un verdadero Estado.

Además, hay un problema fundamental: los acuerdos no se sostienen en el tiempo. Tenemos una oposición tan corrupta como la dictadura. Y aquí me pregunto quién ha estafado a la población. Para que exista una traición se necesita una relación previa. Cuando un desconocido ataca, es un ataque; cuando alguien cercano traiciona, hablamos de traición.

¿Quién ha traicionado a la población votante? El régimen es el régimen y debe ser señalado por lo que es. Pero ¿quién llevó durante tantos años a los venezolanos a las urnas? La oposición. Hablemos de Capriles, Guaidó, Leopoldo López o María Corina Machado. Esta última siempre estuvo en contra de determinadas elecciones y ahora, cuando tuvo la oportunidad, aceptó participar.

La salida que se esperaba en Venezuela no podía depender únicamente del interior del país, porque la voluntad del pueblo existe. El deseo de salir de la dictadura existe. Nadie puede decir que durante 26 años el pueblo venezolano no ha luchado por su libertad.

Pero Estados Unidos sabía que necesitaba una intervención militar y, sin embargo, no esperábamos que terminara realizando funciones similares a las que durante años denunciamos en Rusia, China e Irán respecto del saqueo de Venezuela.

Víctor M. Rodríguez:. Has mencionado el Fondo de Desarrollo Global y los recursos venezolanos. ¿Qué representa, desde tu perspectiva, ese mecanismo?

Jorge Ebraht:. Me pregunto si el venezolano sabe realmente qué es el Fondo de Desarrollo Global. Existe, según lo que conocemos, un acuerdo entre la dictadura, Donald Trump y el Gobierno de Estados Unidos mediante el cual los recursos de Venezuela van hacia un fondo y dejan de ser administrados directamente por Venezuela para atender las necesidades de los venezolanos.

Lo preocupante es que no existe un reporte suficiente para que el venezolano conozca cuánto dinero hay en esas cuentas administradas desde Washington. Tampoco existe, según mi apreciación, un reporte claro para la ciudadanía estadounidense.

Estamos hablando de un acuerdo que se produce a espaldas de los ciudadanos de ambos países. Hubo un terremoto en Venezuela con millones de personas afectadas y el país no pudo utilizar sus propios recursos económicos para atender la situación.

Incluso se llegó al extremo de que, según las disposiciones de ese fondo, se debía autorizar la recepción de ayuda humanitaria para evitar que esos recursos fueran incorporados a esas cuentas.

Entonces me pregunto: ¿cuándo autorizó el venezolano a Washington a retener y administrar sus recursos sin decirle cómo los va a administrar? Ese es un poder que termina generando una mala repercusión internacional para Estados Unidos, porque con el paso del tiempo puede ser interpretado como invasión o violación de la soberanía.

Esto tiene antecedentes históricos. Entre 1902 y 1903 hubo un bloqueo económico y naval contra Venezuela. Estados Unidos actuó entonces como mediador y pidió un porcentaje de los ingresos aduaneros venezolanos.

No sé si es casualidad, pero hoy volvemos a hablar de porcentajes y de control de recursos. Parece que la creación de las crisis y permitir que esas crisis escalen forma parte de un negocio.

Víctor M. Rodríguez:. Quiero llevar el eje hacia la región. Estados Unidos está haciendo su juego, vio una posibilidad y la está aprovechando. Pero ¿qué pasa con América Latina? ¿Qué ocurre con esos discursos soberanistas que alguna vez se levantaron desde la región?

Jorge Ebraht:. Hay un silencio total. No solamente de la ONU y de la OEA, sino también de mandatarios y de sectores políticos que durante años hablaron de Venezuela. Recordemos que los países vecinos fueron afectados por la migración y por las consecuencias regionales de la crisis venezolana.

También hay antecedentes de lo que se denominó la «brisa bolivariana», vinculada a declaraciones de Diosdado Cabello, y de acusaciones sobre ataques a democracias de países que no seguían la línea de Hugo Chávez y el socialismo del siglo XXI.

Pero qué fácil es declarar sobre el problema de otro para ganar «likes» y seguidores. Soy un hombre de derechas y lo he demostrado durante mi vida, no solamente en el ámbito comunicacional. He sido preso político y he sido torturado.

Entonces pregunto: ¿dónde están ahora quienes levantaban su voz por Venezuela? ¿Dónde están Santiago Abascal, Agustín Laje, Andrés Pastrana, el Grupo IDEA, Iván Duque y todos aquellos que hablaban de la dictadura venezolana?

¿Dónde están ahora para cuestionar lo que está haciendo Estados Unidos en nombre de la libertad y la democracia? No están. Y tampoco está la ONU. La ONU establece reglamentos y normas, pero hay que preguntarse quién la financia. Cuando una organización depende financieramente de una potencia, esa potencia puede ejercer presión.

No soy pro Palestina ni pro Irán. Pero todavía esperamos determinadas investigaciones y actuaciones internacionales frente a intervenciones militares de grandes potencias. La región no va a hacer algo diferente de aquello que no le convenga al «grandulón» del colegio. Estamos ante un sometimiento de narrativas.

Víctor M. Rodríguez:. En Venezuela todavía hay presos políticos, incluidos militares y ciudadanos extranjeros. En ese contexto, también observamos silencios de gobiernos de la región. ¿Cuál es el destino de Venezuela y de América Latina frente a esta erosión de la política y de la institucionalidad?

Jorge Ebraht:. Venezuela tiene que volver a sus bases y a sus raíces. El himno nacional dice «Gloria al bravo pueblo». No dice gloria a un partido político ni a un nuevo “rockstar” político.

Lo que ha ocurrido es que la lucha del pueblo venezolano hubiera bastado para conseguir la libertad, pero el mensajero ha fallado. Cuando se entienda que la politiquería venezolana también está enferma —y no hablo únicamente de la dictadura, sino también de la oposición—, podremos comprender el problema. Hemos visto muchachos dejando su vida en las calles, jóvenes enfrentándose a tanquetas y personas mayores enfrentando una dictadura sabiendo que podía perseguirlas, asesinarlas o torturarlas.

Entonces, ¿cuál sería la solución? Venezuela necesita una junta de transición, una junta de personas connotadas, como ocurrió en otros momentos históricos, para poder negociar. Pero todo está poco transparente.

La junta escogida para la negociación está integrada, según mi apreciación, por ministros, jueces, magistrados y diputados que ya cumplieron sus períodos, para continuar negociando bajo las condiciones de Donald Trump.

No se puede pretender tocar el cielo subido en los hombros del demonio. No se puede negociar con personas denunciadas por el propio Gobierno de Estados Unidos y pretender que de allí surja una libertad plena.

Víctor M. Rodríguez:.  En este contexto también observamos persecución contra ciudadanos venezolanos en Estados Unidos y, al mismo tiempo, la permanencia de presos políticos extranjeros en Venezuela. ¿Qué lectura haces de esta contradicción?

Jorge Ebraht:. Es vergonzosa la persecución que existe contra venezolanos, mexicanos y otros latinoamericanos en Estados Unidos. Cómo se persigue y se niega una visa a ciudadanos de un país del cual, al mismo tiempo, se obtienen beneficios? No tiene sentido.

No estoy señalando al pueblo estadounidense ni a la derecha mundial. Estoy cuestionando las actuaciones de quienes toman decisiones. En geopolítica no existen amigos ni enemigos: existen intereses.

Estados Unidos está obteniendo beneficios de sus intereses y los políticos venezolanos de oposición han terminado negociando cualquier cosa con tal de mantenerse cerca del foco del poder.

Víctor M. Rodríguez:.  Quiero volver a un episodio que personalmente me sigue generando indignación. Edmundo González recorrió varios países de América Latina antes del 10 de enero de 2025. En Uruguay, en la residencia de Suárez, prometió que estaría en Caracas para juramentarse. ¿Cómo se vuelve de esa realidad cuando un dirigente político promete algo que no podía cumplir?

Jorge Ebraht:. Vergonzosamente, te voy a hablar como estratega político. ¿Cómo puede mentir de esa manera? Es un muy mal político. Y te explico por qué. Cuando se produjo la negociación y tuvo la posibilidad de hacer una petición, no pidió por el país ni por los presos ni por los detenidos. Según lo que señalas, pidió al régimen que cuidara sus pertenencias y su apartamento.

Entonces, cuando hablamos de alguien que nunca pudo llegar a ser presidente, tenemos que preguntarnos por sus decisiones. En Venezuela existe un tren que es el tren del dinero, el tren de la negociación.

Se dice que se violentan los medios de comunicación, pero depende de quién seas. Si eres el rival elegido por el chavismo, puedes ser presentado públicamente y confrontar con el gobierno. Eso construye una narrativa en la que la ciudadanía vuelve a tener alguien en quien creer. Pero si esa persona es manejada o manipulada por la propia dictadura, el resultado termina siendo funcional al sistema.

No se puede someter a un pueblo sin tener cómplices dentro de los propios sometidos. Y ese ha sido, en mi opinión, el trabajo de la llamada «pseudooposición» venezolana. No tienen vergüenza para mentirle al venezolano y volver una y otra vez a la contienda electoral.

Vuelven a cantar fraude, vuelven a llamar a marchas y luego, cuatro años después, regresan al mismo mecanismo. Por eso digo que la solución del venezolano no es exclusivamente política.

La solución pasa por construir una junta de personas decentes y connotadas, realizar trabajos y acercamientos internacionales, generar fuerza dentro del país y, desde esa fuerza, solicitar una intervención militar por razones humanitarias.

Víctor M. Rodríguez:.  La propia jurista Blanca Rosa Mármol de León ha planteado en este espacio la necesidad de activar mecanismos internacionales y ha señalado que Edmundo González, si hubiera asumido como presidente electo, habría tenido potestades para solicitar determinadas acciones. ¿Por qué no se activaron?

Jorge Ebraht:.  Porque los mandatarios son buenos hablando para llamar la atención. Tenemos mandatarios de derecha que hablan permanentemente de Venezuela. Pero la pregunta es: ¿alguno de ellos ha consultado a su población o ha solicitado formalmente acciones concretas?

Hoy los mandatarios son de Twitter, Facebook e Instagram. Hablan, generan declaraciones, pero después no necesariamente existe una acción concreta.

Víctor M. Rodríguez:. Entonces, si tomo correctamente tu planteamiento, al 21 de septiembre de 2026, ¿la solución está exclusivamente en manos de los venezolanos, mediante una junta de gobierno que permita desplazar tanto al régimen de facto de Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello como al tutelaje de Estados Unidos?

Jorge Ebraht:.  Totalmente de acuerdo. Quiero recordar a los venezolanos que Venezuela ha sido uno de los países que se ha quitado dictaduras mediante grandes luchas ciudadanas. Eso demuestra la capacidad de acción de la sociedad.

Los han convencido de que no pueden hacerlo sin la maquinaria política y hoy encontramos personas connotadas, personas increíbles dentro de Venezuela, diciendo que no se va a poder.

No han entendido que Venezuela es el país, igual que toda América Latina, del poder ciudadano. Las democracias latinoamericanas fueron establecidas a través de grandes luchas. Cuando cambias la narrativa, le impides al venezolano soñar.

Yo adoro aquellos tiempos en los que un hombre común podía convertirse en un héroe de la patria porque creía, soñaba y defendía valores y principios. Hoy creemos que la solución es política. Y vuelvo a decirlo: la política internacional se ha convertido en el arte de jugar con excremento sin ensuciarse las manos.

No digo que todos los políticos sean malos. Hablo del manejo de la política internacional y de la geopolítica, donde todo depende de cuánto poder tienes, qué potencia eres y qué tan cerca estás de una potencia mundial.

Víctor M. Rodríguez:.  ¿Y qué papel cumplen hoy organismos como Naciones Unidas y la OEA?

Jorge Ebraht:.  Me pregunto si soy el único que se ha dado cuenta de que la ONU y la OEA muchas veces parecen limitar su rango de acción a emitir un comunicado o publicar un mensaje en redes sociales diciendo que «rechazan rotundamente» determinadas acciones.

¿Qué otra acción pueden realizar? Yo incluso he llamado a la ONU «la organización de los desechos humanos y no de los derechos humanos», porque, desde mi perspectiva, valida determinados puntos y cierra otros.

Venezuela lleva 26 años de dictadura. Cuba lleva décadas de dictadura. Y vemos respuestas internacionales muy diferentes ante situaciones diferentes. El marco es el poder. La geopolítica siempre ha funcionado de esa manera.

Como analista político internacional, me corresponde leer, desglosar y revisar estos procesos. Y creo que cada década ha sido más vergonzoso el actuar de las organizaciones internacionales. Si la ONU y la OEA hubieran existido durante el ascenso de Hitler, probablemente todavía estarían debatiendo si era o no un dictador.

Víctor M. Rodríguez:.  Después de todo este análisis, ¿cuál es, entonces, la salida para Venezuela?

Jorge Ebraht:.  Venezuela tiene una salida: comenzar a creer en sus personas connotadas, entender que no es momento únicamente de políticos, sino de personas calificadas.

Es momento de ciudadanía. Hay que integrar a la ruta de reconstrucción a personas capacitadas y calificadas para cada área. Donald Trump no tiene manera de esconderse diciendo que no sabía. Él sabe que esta transición es momentánea y que también puede ser utilizada como una campaña para sostener su línea electoral.

Creo que, con el paso del tiempo, eso puede generarle repercusiones. Los venezolanos tuvieron esperanza en Donald Trump. Los venezolanos no se cansan de tener esperanza. Eso es lo doloroso. El venezolano quiere creer en cualquier oportunidad y está dispuesto a luchar. Pero es increíble que, aunque creamos que existe libertad de expresión, no necesariamente exista libertad de pensamiento.

Las grandes firmas que financian partidos políticos en Venezuela terminan condicionando lo que la gente debe creer. Si presentas un documento y dices que María Corina Machado firmó y promovió determinado proyecto, te pueden crucificar aunque muestres el documento.

El venezolano ha perdido su sentido de pertenencia y ha quedado atrapado en una lógica binaria: eres opositor o eres chavista. No hay nada más y Venezuela es mucho más que eso.

María Corina Machado puede decir mañana que Venezuela debe vender o regalar todo su petróleo y habrá personas que dirán que sí. Del otro lado, si Delcy Rodríguez dice que hay que entregar el país para salvar la revolución, también habrá quienes digan que sí.

Porque les han robado lo más importante: el sentido de pertenencia. Se fueron millones de venezolanos y quedaron millones de camas vacías. ¿No debería reaccionar un país que tiene tantas familias separadas?. Claro que ha reaccionado.

Pero la oposición venezolana funciona como un sistema de drenaje. Cuando el dolor, el sufrimiento y el deseo de cambio están a punto de desbordarse, aparecen los dirigentes opositores y canalizan ese descontento.

Después lo llevan hacia las elecciones y el sistema vuelve a comenzar. Y ha funcionado durante 26 años. La pregunta es: ¿qué nos prometen nuevamente? En el mejor de los casos, unas nuevas elecciones. ¿En serio esa es la salida? ¿Para quién? ¿Para los venezolanos o para quienes aspiran al poder?

Esto no ocurrió por casualidad. Se produce miseria, se construye pobreza y se exporta lástima. Venezuela ha enviado millones de personas al exterior. Muchas de ellas trabajan y envían dinero a sus familias. Eso representa una fuente de divisas.

Pero si queremos hacer crecer un país, tenemos que invertir en sus empresarios y en su capacidad productiva. Si un empresario venezolano intenta producir alimentos en un país golpeado y recibe, en cambio, grandes cantidades de productos importados subsidiados, puede terminar quebrando. Eso ocurre en diferentes partes del mundo.

La ayuda humanitaria y el financiamiento de organizaciones pueden ser necesarios en determinados contextos, pero si realmente quieres hacer crecer un país tienes que desarrollar su producción y sus empresarios. Latinoamérica tiene recursos y capacidad suficiente para sostenerse, mantenerse y crecer.

No tenemos un enemigo natural y no estamos en guerra con nadie. No podemos esperar que el bien venga de afuera. Tenemos que exigirlo y construirlo. Hay que forzar una negociación con Estados Unidos mostrando capacidad interna mediante movilizaciones, pero no para que negocien Capriles, Julio Borges u otros dirigentes. Tiene que negociar una junta de transición escogida, ajustada y controlada por la ciudadanía.

Víctor M. Rodríguez:. Jorge, muchísimas gracias por tu tiempo y por haber aceptado esta conversación.

Jorge Ebraht:. Las gracias son para ti, Víctor, por no amordazar la opinión del venezolano y presentarla ante tu audiencia como es. Gracias por permitir que este canal pueda expresar este tipo de opiniones sin censura, sin miedo y sin una postura partidista.

Quiero dejar una reflexión para tu canal. Al presidente Donald Trump y a Marco Rubio les digo: no se puede pretender alcanzar el cielo subido en los hombros del demonio. Reparen. Rectifiquen. Negociando con delincuentes no se obtiene una libertad plena.

(Con información de CDP)

 

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