Conductores señalan posibles intereses empresariales en la reorganización del sistema y cuestionan decisiones de la administración, mientras crecen las tensiones por la operación del transporte en la terminal aérea
El conflicto por el control del transporte en el aeropuerto El Dorado escaló este 8 de abril hasta convertirse en una jornada de caos, enfrentamientos y suspensión de servicios, tras una protesta de conductores de taxis amarillos vinculados a Taxi Imperial.
La disputa, que dejó bloqueos, intervención policial y afectaciones a los viajeros, tiene como eje central un nuevo modelo operativo impulsado por la administración de la empresa y la creciente presencia de vehículos de servicio especial, según se conoció en una entrevista con Blu Radio.

Según el vocero, el detonante fue la implementación de nuevas condiciones laborales que modificarían la forma en que los propietarios operan sus vehículos.
“El motivo de la protesta de nosotros es con la nueva administración, porque nos quiere colocar unas nuevas leyes de trabajo donde ellos nos quieren recaudar el dinero”, señaló. En ese sentido, denunció que los dueños de varios taxis solo podrían administrar directamente uno, mientras que los demás quedarían bajo control de la empresa, con pagos diferidos entre 15 y 20 días.
Herrera también cuestionó sanciones económicas contempladas en el modelo. “Si su carro no sale a trabajar, él le va a cobrar a usted ciento cincuenta mil pesos”, dijo, al tiempo que aseguró que la remuneración diaria propuesta sería de “cien mil pesos” sin garantías suficientes frente a daños o riesgos operativos.
El líder de los conductores insistió en que la protesta se trasladó al aeropuerto porque allí se desarrolla su actividad. “Nosotros pertenecemos y estamos trabajando para el aeropuerto. Estamos prestando un servicio al aeropuerto”, explicó, al referirse también al papel de Opaín como operador de la terminal.
Uno de los puntos más sensibles del conflicto es la supuesta competencia desigual con vehículos blancos de servicio especial, asociados a empresas como American Visa Tours. Herrera aseguró que estos vehículos estarían siendo promovidos directamente dentro del aeropuerto. “Ellos colocaron unas camionetas blancas (…) y los están impulsando su trabajo internamente”, afirmó.
De acuerdo con su versión, incluso existirían prácticas para desincentivar el uso de taxis amarillos. “Les están diciendo: ‘No se monten en el taxi porque los van a robar’”, denunció. Además, cuestionó las tarifas de estos servicios especiales, que —según dijo— pueden alcanzar los 160 mil pesos por trayectos que en taxi tradicional cuestan entre 55 mil y 65 mil pesos.
“Nosotros tenemos un derecho a parqueadero (…) pero no nos están dejando cargar ni parquear”, agregó Herrera, al señalar que los espacios estarían siendo ocupados por los nuevos vehículos, lo que incluso ha derivado en comparendos para los taxistas.

Frente a las acusaciones, el gerente de Taxi Imperial, Julio Jiménez, negó cualquier intento de excluir a los conductores tradicionales y defendió el nuevo modelo como una estrategia para recuperar la confianza de los usuarios. “No quieren aceptar que la manera estratégica de recuperar los clientes es mejorar el servicio”, afirmó en Blu Radio.
Jiménez reconoció que existe una crisis de reputación en el servicio tradicional. “En el amarillo no nos tienen confianza, porque han habido abusos de cobros”, dijo, mencionando quejas de usuarios por tarifas excesivas. En ese sentido, explicó que la introducción de servicios especiales responde a una demanda de mayor seguridad y control.
“El usuario elige dónde se va. Se le ofrece taxi amarillo y servicio especial”, sostuvo, rechazando la idea de que haya direccionamiento indebido. También negó campañas de desprestigio contra los taxistas: “Todo esto es una mentira de unos pocos que no quieren aceptar el cambio”.
El gerente de Taxi Imperial defendió las diferencias tarifarias argumentando un valor agregado en los servicios especiales, como monitoreo en tiempo real. “Los carros de servicio especial tienen vigilancia monitoreada las veinticuatro horas (…) esa es la diferencia”, explicó. Sin embargo, evitó justificar directamente cobros elevados reportados por usuarios, aunque admitió que las tarifas pueden variar según condiciones del servicio.
Otro de los aspectos polémicos es la implementación de sistemas de audio y video dentro de los vehículos. Jiménez confirmó su uso, aunque aseguró que se realiza con consentimiento del pasajero. “Cuando el usuario nos lo permite”, puntualizó, al indicar que el objetivo es fortalecer la seguridad.

Más allá de las versiones encontradas, el propio gerente de Taxi Imperial reconoció la magnitud del problema estructural. “Del cien por ciento de servicios que llegan al aeropuerto, nosotros atendemos el veinte por ciento. El otro ochenta por ciento se lo llevan las plataformas ilegales”, afirmó, lo que evidencia una pérdida significativa del mercado formal.
En medio de la entrevista también surgieron preguntas sobre la relación entre Taxi Imperial y American Visa Tours.
Al ser consultado por esta última, el gerente de Taxi Imperial, Julio Jiménez, explicó: “American Visa Tours es una empresa de transporte y Viajes Imperial también tiene vehículos y son varias empresas”.
Sin embargo, al preguntarle directamente si era dueño de esa compañía, evitó responder de forma clara y desvió el tema hacia su situación personal: “ya me tocó colocar escoltas. Estoy amenazado. Mi familia está amenazada”, sin confirmar ni negar el vínculo, lo que dejó abiertas las dudas sobre la estructura empresarial detrás del modelo.