El régimen chavista utilizó importantes reservas de crudo, desde los tiempos de Fidel Castro y Hugo Chávez, a cambio de adiestramiento y capacitación a los cuerpos de seguridad, especialmente inteligencia y contrainteligencia
El Miranda Center for Democracy, un think tank basado en Washington DC con la misión de promover libertades, seguridad, democracia y transparencia en América Latina y el Caribe concluyó en su reporte “Petróleo por represión”, presentado en un evento organizado por el Jack D. Gordon Instituto de Políticas Públicas de FIU en Miami, con el apoyo del Instituto Republicano Internacional (IRI), que el régimen de Hugo Chávez y después Nicolás Maduro envió a Cuba desde el 2000 el equivalente 63.8 miles de millones de dólares -a dólares constantes de 2026- en petróleo a cambio de la instalación de uno de los aparatos represivos más sofisticados del mundo.
A diferencia de la narrativa que se escuchó por décadas, que el petróleo que se enviaba a Cuba era “gratis”, la investigación concluye que el régimen chavista utilizó importantes reservas de crudo -hasta 105 mil barriles diarios en su pico entre 2008 y 2012- desde los tiempos de Fidel Castro y Hugo Chávez a cambio de adiestramiento y capacitación a los cuerpos de seguridad, especialmente inteligencia y contrainteligencia, para reprimir a miles de inocentes venezolanos. De hecho, un informe de la Misión de Verificación Independiente de Naciones Unidas confirma, según testimonios de disidentes, que agentes cubanos “asesoran y participan” en el asedio, intimidación y persecución en contra de los que se oponen a la dictadura. Únicamente desde el 2014, más de 20.000 venezolanos y extranjeros han sido detenidos por los cuerpos de seguridad, inteligencia y contrainteligencia diseñado por cubanos y muchos de ellos torturados o incluso, asesinados.
Los venezolanos fuimos expulsados de nuestro país por las amenazas del régimen y la gran mayoría por una crisis económica y humanitaria autoinfligida por el chavismo, haciendo que millones decidieran salir a pie a buscar una mejor vida poniendo la propia en riesgo mientras seguíamos enviando petróleo a Cuba a cambio de torturadores y mentores del terrorismo de Estado. Las condenas internacionales llegaron durante Maduro pero la sumisión se gestó mucho antes.
Chávez distorsionó completamente el significado de las fuerzas de seguridad, inteligencia y defensa de Venezuela desde el 2008, con la implementación del Grupo de Coordinación y Enlace (GRUCE) como respuesta a la derrota electoral de Chávez en 2007. Es a través del GRUCE que Cuba logró infiltrarse y distorsionar las fuerzas del Estado venezolano, quienes se rediseñaron para servir a “la revolución” y “al orden interno” mientras los homicidios y el crimen organizado causaban una primera ola migratoria de personas marcadas de por vida con secuestros, asesinatos o robos.
Ese acuerdo, firmado en mayo de 2008 entre los ministerios de defensa de ambos países, comenzó con apenas unos pocos especialistas militares cubanos con acceso directo a las unidades venezolanas — y creció hasta convertirse en el andamiaje doctrinal de todo el aparato de inteligencia, contrainteligencia, seguridad y defensa.
Los cambios de DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) a SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) en 2008, o de DIM (Dirección de Inteligencia Militar) a DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar) en 2011, así como la incorporación de organizaciones dentro de las Fuerzas Armadas como las ZODI (Zonas de Defensa Integral) o REDI (Regiones de Defensa Integral) no son aleatorias; son influencia cubana directa para responder a las amenazas dentro de la nueva doctrina del gobierno: manifestaciones y promoción de la democracia e institucionalidad de las fuerzas del orden.

El reporte del Miranda Center documenta que el DGCIM fue rediseñado directamente sobre el modelo del G2 cubano, utilizando sus manuales de entrenamiento y protocolos de interrogatorio. Miraflores decidió que la inteligencia se dedicara a desmantelar partidos políticos y ONGs mientras el ELN se instaló en ocho de los 24 estados del país o Tareck-El Aissami (ex ministro de petróleo, ex vicepresidente, entre otros) desfalcó al Estado por decenas de millones de dólares. No fue negligencia, fue una decisión política.
La represión no fue gratuita: Venezuela pagó con envíos de petróleo que hoy alcanzarían para reconstruir nuestro sistema eléctrico más de tres veces o casi el equivalente de todo el endeudamiento que tuvimos con China. Pagamos con petróleo la instalación del esquema de inteligencia y defensa que atentó contra los venezolanos y que nada pudo hacer cuando tuvo una verdadera amenaza militar. La ironía quedó expuesta el 3 de enero de 2026, cuando una operación militar estadounidense capturó a Maduro: su última línea de defensa no eran soldados venezolanos sino 32 agentes cubanos que murieron en combate protegiéndolo.
A febrero de 2026, algunos asesores cubanos han comenzado a salir de Venezuela bajo presión estadounidense, pero, así como cargamos la debacle económica como legado del socialismo y la cleptocracia, los venezolanos seguimos sintiendo la amenaza del legado cubano en las manos de González López, Diosdado Cabello, Alexander Granko y las instituciones represoras que siguen intactas. Mientras sigan en el poder los hijos del GRUCE, seguirá latente la amenaza de la represión y el recuerdo de la tortura que presos políticos aún hoy padecen.
El reporte completo del Miranda Center, disponible en mirandacenter.org, documenta los nombres, las fechas y los mecanismos de esta ocupación.
(Con información de Infobae)