Alumnos de la Universidad Allameh Tabataba’i desafiaron a la milicia paramilitar Basij con cánticos contra el régimen en una jornada que vinculó el costo de vida con las demandas de libertad tras el avance de la inflación en Irán
Estudiantes de la Universidad Allameh Tabataba’i de Teherán, la principal institución pública de ciencias sociales de Irán, iniciaron este lunes una serie de manifestaciones en el campus central para protestar contra el fuerte incremento en las tarifas de matrícula, el deterioro de las condiciones de vida en las residencias universitarias y la persistente imposición del código de vestimenta obligatorio, según informes y material audiovisual difundidos por organizaciones estudiantiles y medios de la oposición iraní en el exilio.
Las imágenes compartidas por la red opositora Iran International, el boletín estudiantil Amirkabir y activistas en las redes sociales muestran a grupos de jóvenes concentrados en las instalaciones académicas mientras gritan consignas políticas. En una de las grabaciones atribuidas a la jornada, se escucha a los manifestantes corear: “Hasta que el clérigo no sea amortajado, esta patria no será una patria”, un lema clásico del activismo universitario dirigido de forma directa contra la cúpula teocrática gobernante.
El boletín estudiantil Amirkabir registró otras consignas coreadas durante la protesta, entre ellas “Costos elevados, inflación, un flagelo para la vida de las personas” y “Trabajo, desempleo, hiyab obligatorio para las mujeres”, que vincularon de manera explícita el reclamo académico con la crisis económica general del país.
Según el mismo boletín, integrantes de la milicia paramilitar Basij se presentaron en el lugar de la manifestación y, bajo la excusa de entablar un diálogo con los estudiantes, intentaron disolver la concentración con amenazas.
Los manifestantes respondieron con el cántico “No queremos diálogo, no lo queremos” y exigieron además la liberación de compañeros detenidos con la frase “El estudiante encarcelado debe ser liberado”.
Un centro histórico de disidencia bajo presión

La Universidad Allameh Tabataba’i, considerada la principal institución pública de ciencias sociales de Irán, posee un extenso historial de politización y resistencia. El campus se consolidó como uno de los epicentros del movimiento de protesta desencadenado a finales de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia de la policía de la moral.
Desde aquel estallido, la administración de la universidad y los comités de seguridad estatal han reforzado las represalias internas. Reportes de grupos de derechos humanos indican que decenas de alumnos han sufrido expulsiones, suspensiones académicas y la prohibición de ingreso a los dormitorios, además del despliegue recurrente de miembros de la milicia paramilitar Basij para intimidar las concentraciones, tal como ocurrió este lunes.
Los estudiantes también responsabilizaron de forma directa a las autoridades académicas con la consigna “Rector de la universidad, responsable y rinda cuentas”, y cerraron la jornada con un mensaje de continuidad: “No piensen en un solo día, nuestra decisión es de todos los días”.
Inflación, sanciones y el trasfondo de la tensión regional
La reactivación de los reclamos estudiantiles se produce en un momento crítico para la economía iraní, donde el impacto de las sanciones financieras internacionales se ha agudizado tras la escalada bélica en Medio Oriente y las trabas a las exportaciones petroleras.
Estas restricciones asfixiaron a un sistema productivo ya fragilizado y aceleraron la devaluación del rial. Según cifras del Banco Central de Irán, la inflación interanual alcanzó un máximo histórico de 88,6% en junio de 2026, el nivel más alto desde 1942, y se mantuvo en 87,9% en julio, más del doble del 40% registrado a fines de 2025, cuando estalló la crisis del Gran Bazar.
El alto costo de vida, que los propios manifestantes describieron este lunes como “un flagelo para la vida de las personas”, se convirtió en el eje que atraviesa tanto los reclamos universitarios como el descontento social a nivel nacional.
La pérdida del poder adquisitivo y el ahogo económico no son fenómenos aislados, sino el detonante recurrente de las mayores olas de inestabilidad social en el país. A finales de diciembre de 2025, el colapso de la moneda provocó un paro comercial e intensas manifestaciones que iniciaron comerciantes en el Gran Bazar de Teherán. Aunque comenzaron con reclamos estrictamente económicos, las movilizaciones se extendieron con rapidez a más de cien ciudades y escalaron hacia consignas políticas abiertas contra la cúpula teocrática. Al igual que en las protestas de 2017, 2019 y el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022, las fuerzas del régimen respondieron con una represión masiva. Informes de organizaciones de derechos humanos y agencias internacionales documentaron el uso de munición real, detenciones arbitrarias que HRANA cifró en más de 42.000, y apagones totales de internet para encubrir la violencia estatal, que dejó un saldo de víctimas cuyas estimaciones oscilan entre los 3.117 muertos reconocidos por el gobierno iraní y los más de 30.000 reportados por organizaciones de DDHH.
(Con información de Infobae)