La determinación, confirmada a través de fuentes oficiales, responde a una política de independencia que abarca desde la producción energética hasta la diversificación económica y la orientación internacional del país
El anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), efectiva desde el 1 de mayo de 2026, constituye un paso decisivo dentro de una estrategia de autonomía estratégica que el país ha perfeccionado durante la última década. Esta determinación, informada el martes por la agencia estatal Wam, responde a una visión a largo plazo orientada a independizarse de compromisos colectivos rígidos y fortalecer su capacidad de maniobra frente a las transformaciones energéticas y políticas del escenario internacional, según explicó el medio The National.
Como parte de este mismo proceso, Emiratos Árabes Unidos ha impulsado un cambio profundo en su matriz energética y productiva en los últimos años. La construcción de la Planta Nuclear Barakah, la primera en el mundo árabe, permite que un cuarto de la electricidad nacional provenga de la energía nuclear. Además, la petrolera nacional Adnoc ha fijado como meta alcanzar una producción de cinco millones de barriles diarios, una cifra que marca el ritmo de la agenda energética del país.
En el centro de esta redefinición del posicionamiento internacional emiratí, sobresale la apuesta por políticas autonómicas y multilaterales, alejadas de alineamientos tradicionales y búsqueda de consensos regionales. En 2022, el país reestructuró su semana laboral para hacerla coincidir con la de los mercados globales, como Londres, Nueva York y Hong Kong, consolidando así su perfil orientado al comercio internacional.
Un bloque central lo compone la transición desde acuerdos de cuotas colectivas, característica de la OPEP, hacia una flexibilidad soberana que permita ajustar la producción frente a eventuales perturbaciones globales, como las asociadas al Estrecho de Ormuz, según señaló Ebtesam Al Ketbi, presidenta del Emirates Policy Centre, en su análisis difundido a través de la red X y recogido por The National.
La política exterior emiratí ha transitado un camino autónomo en conflictos y alianzas. En 2020, Abu Dabi y Bahréin firmaron los Acuerdos de Abraham, estableciendo relaciones diplomáticas con Israel y orientando su proyección como modelo regional para interlocutores en Washington y otras capitales. Este carácter se reafirmó en su gestión del conflicto de Yemen: tras integrarse a la coalición dirigida por Arabia Saudita en 2015, Emiratos Árabes Unidos priorizó el control de rutas marítimas, el respaldo a fuerzas locales del sur y el enfrentamiento a movimientos islamistas, desmarcándose progresivamente de la estrategia colectiva, según describió el profesor Abdulkhaleq Abdulla en The National.
La decisión de abandonar la OPEP a partir del 1 de mayo le permitirá al país establecer una producción petrolera más flexible, adaptándose con rapidez a los desafíos del entorno global y consolidando su perfil de potencia media independiente.
Las tensiones regionales han puesto de relieve la singularidad de esta política. Durante la reciente guerra con Irán, Emiratos Árabes Unidos fue el país más atacado por Teherán, sufriendo impactos en infraestructuras civiles pese a su ausencia en las operaciones principales del conflicto.
La reacción emiratí incluyó el cierre de la embajada en Teherán, el retiro total del cuerpo diplomático y la descalificación oficial de los ataques como “terroristas y no provocados”. Abu Dabi también criticó los intentos de alto el fuego impulsados por Estados Unidos e Israel, calificándolos como insuficientes y exigiendo una respuesta más contundente, en particular sobre el programa de misiles de Irán.
El papel del país en instancias multilaterales se ha intensificado. Como miembro electo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el periodo 2022-2023, Emiratos Árabes Unidos elaboró proyectos de resolución y asumió posiciones propias, en lugar de limitarse a replicar las de sus aliados, de acuerdo con el Emirates Policy Centre.
Este patrón de autonomía se verifica también fuera de la esfera energética y de seguridad. La preferencia por iniciativas impulsadas por inteligencia artificial y tecnologías avanzadas ha guiado la diversificación económica. El liderazgo emiratí, descrito como escéptico respecto a la ideología y enfocado en resultados tangibles, considera a su país un “global entrepôt”, apto para prosperar por fuera de los acuerdos de bloques, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
“El objetivo de Emiratos Árabes Unidos es dejar de ser solo consumidor de soluciones internacionales para convertirse en socio y productor, manteniendo agilidad en un entorno global fragmentado y en transformación constante”, escribió el Emirates Policy Centre en enero de este año. El análisis concluye que, en esta visión, la autonomía estratégica constituye la brújula central de Abu Dabi ante la volatilidad del sistema internacional.
(Con información de Infobae)